Tiranuelo: Se aplica despectivamente a un tirano, o afectuosamente a una persona,  por ejemplo a un niño, que tiraniza con gracia a otras.

Cada vez hay más padres que acuden a pedir ayuda porque esto de la paternidad parece que se les escapa de las manos…

Psicólogos, «coaches», servicios sociales e incluso asociaciones sin ánimo de lucro, como puede ser P.I.C.A. una asociación de motoristas creada para la protección de la infancia contra el abuso, están viendo como cada vez más padres se ven sobrepasados porque, aunque parezca raro, se sienten maltratados por sus propios hijos. Y no les falta razón.

Con tan solo investigar un poco uno se da cuenta que resulta ser un tema muy complicado y sin lugar a dudas muy doloroso. Sobre todo para las familias. Por este motivo vamos a abordar el tema con calma. Y cierta extensión.

En este primer artículo, se va a poner el problema en contexto, haciendo hincapié en las características que definen al que se ha venido llamando Síndrome del Emperador.

En una segunda parte, se hablará de las causas y los motivos que hacen que tengamos en casa un pequeño tirano.

Y por último, en una tercera entrega (como en las telenovelas cortas) se intentará exponer qué se puede hacer para solucionar, o al menos comenzar a solucionar este problema.

Desde hace ya algunos años vienen apareciendo en los medios de comunicación artículos y noticias sobre el «síndrome del emperador», aunque también pueden usar otros títulos como el de niño tirano, o niño rey. Y aunque resulta muy útil, gráfico y descriptivo, en la práctica de los profesionales de la salud mental infantil no lo vas a encontrar con ese nombre. Lo más parecido va a ser el Trastorno de Oposición Desafiante. Pero se trata de una etiqueta psiquiátrica muy seria, y por tanto con una imagen mucho más negativa.

Probablemente por eso me gusta más la etiqueta más amable, y es con la que me quedo.

Esa especie de síndrome engloba a los niños y adolescentes que abusan de sus padres sin tener la más mínima conciencia de hacerles daño. La madre suele ser la primera y principal víctima, aunque más tarde van a ir cayendo otros familiares en sus redes. A no ser que se solucione.

Se trata de niños pequeños, y no tan pequeños, que continuamente retan, desafían y se burlan de sus padres, llegando incluso a la agresión física en los casos más extremos. A algunos de ellos has podido verlos en programas de televisión como «Supernanny» . Tal vez incluso conozcas a alguno de estos pequeñuelos. Quizás lo estés sufriendo en primera persona.

Pero los niños pequeños tienen tendencia a crecer y si no se soluciona a tiempo este problema, se pueden llegar a convertir en ese tipo de adolescente que protagonizarán programas como «Hermano Mayor» y luego un poco más tarde se van a convertir adultos… Elige tú el programa en el que pueden salir.

¿Qué es lo que caracteriza al Emperador, o la Emperatriz Infantil?

En primer lugar habría que decir que este problema aparece tanto en niños como en niñas, aunque los niños suelen ser más numerosos. Entre los 5 y los 17 años de edad, sin embargo, en realidad empieza a gestarse bastante antes. y Aunque se da con más asiduidad en clases sociales acomodadas,  lo cierto es que también ocurre en las más desfavorecidas.

Curiosamente, según dice Javier Urra en su libro «El Pequeño Dictador» (de recomendable lectura para quien quiera abundar en la materia) apenas se observa entre la etnia gitana.

A partir de aquí, se pueden entresacar las siguientes características:

  • Suelen tener un exagerado sentido de la pertenencia y de lo que les corresponde, esperando y exigiendo a cuantos les rodean que se lo proporcionen.
  • Suelen estar muy centrados en si mismos, incluso se creen el centro del mundo. Exigen la atención tanto de sus padres como de todo su entorno. Y claro, cuanta más atención consiguen, más reclaman.
  • Parece que  la empatía es un recurso que les resulta escaso… no suelen darse cuenta de la manera en que su conducta afecta a otras personas. De hecho buscan justificaciones en los otros  y  les culpabilizan de lo que hacen, por lo que esperan que sean esas otras personas quienes les solucionen los problemas que ellos han creado.
  • Más que pedir, exigen hasta el límite (e incluso más allá) y una vez conseguida su demanda, se desencantan y vuelven a pedir otra cosa. Es casi como un bucle.
  • Su tolerancia a la incomodidad, frustración, aburrimiento o desengaño suele ser bastante poca.  Negarse a lo que han pedido suele ser causa de un berrinche, que ¿por qué no?, puede ir acompañado de ataques de ira, insultos y hasta violencia física.
  • Su capacidad de resolución de problemas o de afrontar experiencias negativas está muy mermada.
  • Les cuesta sentir culpa o remordimiento por sus acciones.
  • No suelen responder bien ante figuras revestidas de cierta autoridad, o ante  las normas sociales.  Suelen discutir las normas o los castigos con quien se los impone, normalmente los padres, quienes son malos,  injustos,  odiosos etc. Y mantener este comportamiento les compensa porque ante el sentimiento de culpa que inducen a los padres, suelen ceder y retirlarles el castigo, o incluso concederles ciertos privilegios.
  • A veces les cuesta adaptarse a las demandas de lo que ocurre fuera de la familia, en el colegio, por ejemplo, porque no responden bien a las estructuras sociales establecidas ni a las figuras de autoridad. Aunque esto no ocurre siempre.
  • Suelen sentirse tristes, enfadados y/o ansiosos, además de tener una autoestima más bien baja, enmascarada por sus comportamientos tiránicos.

El panorama no es agradable. A los padres les parece que hagan lo que hagan, no sirve para nada.

En el próximo artículo seguiremos avanzando y nos centraremos en cómo llega este emperador a encaramarse al trono de la casa…

Colaboración de Juan Antonio Aguado. Reproducido con permiso de Nueva Actitud.